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Acude a nuestra consulta de traumatología, un cachorro de 3 meses con una cojera evidente en la extremidad torácica izquierda (EAI).
El propietario reportó que el animal había saltado del sofá, emitió un grito y, tras la caída, dejó de apoyar la extremidad afectada produciéndole cojera en la pata delantera izquierda. Este tipo de anécdota es común en mascotas activas, especialmente en jóvenes que están en constante movimiento.
Durante la exploración física en nuestro Hospital Veterinario en Madrid, se constató que el cachorro no apoyaba la EAI (extremidad torácica izquierda) y se palpó una fractura en el tercio distal del antebrazo izquierdo. Esto sugiere una lesión aguda que requiere atención inmediata. Para confirmar la naturaleza de la rotura del hueso radio y cúbito, se realizaron radiografías que revelaron una fractura oblicua corta en cúbito y radio que requería necesariamente intervención quirúrgica.
Dado el diagnóstico de fractura de radio y cúbito, se recomendó una osteosíntesis mediante placa y tornillos. Los perros de raza de talla pequeña tienen tendencia a cicatrización pobre lo que “obliga” a estabilizar muy bien la fractura por lo que se debe poner una placa con tornillos.
Pero la tendencia a desarrollar estrés de protección hace que con frecuencia se deban quitar los implantes una vez que el hueso ha cicatrizado. Este procedimiento, en ocasiones, hay que hacerlo en más de un tiempo.

La intervención quirúrgica, se realizó bajo anestesia general con anestesia de intubación y bloqueo locorregional.
El procedimiento incluyó un abordaje craneomedial al radio izquierdo. Durante la intervención, se seccionó el músculo abductor del pulgar para exponer la fractura. Se redujo la fractura, y se estabilizó con una placa bloqueada de 1.5 mm, colocada en modo de neutralización en la cara craneal del radio. Se acompañó de un vendaje ligero durante 10 días.

Tras la operación de la fractura de cúbito y radio, se prescribió un régimen de medicación que incluía antibiótico, analgésicos y antiinflamatorios. Durante el seguimiento postoperatorio de la fractura se observó que el cachorro toleraba bien la medicación y presentaba un vendaje limpio y sin signos de infección.
Sin embargo, el propietario mencionó que el cachorro mostraba un comportamiento de mordisqueo en el vendaje, lo que podría indicar incomodidad o irritación. Se recomendaron cambios en el vendaje si este comportamiento persistía.
En la revisión adicional se retiraron algunos puntos y se aplicó un collar isabelino para prevenir el acceso a la herida. La herida se encontraba en buen estado y el cachorro estaba enérgico, lo que indica una recuperación positiva.
Abordar fracturas en perros tan pequeños, especialmente en huesos delicados como el radio, especialmente en el tercio distal, presenta múltiples desafíos.
La anatomía y el tamaño reducido de estos animales complican la exposición y estabilización adecuadas de la fractura.
La tendencia del hueso a cicatrizar en estos perros es baja debido a la vascularización pobre del antebrazo distal. Así mismo la proporción medular/cortical en estas razas enanas es baja y eso hace que la tendencia a la cicatrización sea pobre.
Además, el riesgo de daño a los tejidos circundantes es mayor, lo que requiere una técnica quirúrgica precisa y cuidadosa para abordar esta fractura de cúbito y radio.
La elección de implantes también es crítica, ya que deben ser lo suficientemente fuertes para proporcionar estabilidad, pero lo suficientemente pequeños y poco rígidos para evitar el estrés de protección.
Esto subraya la importancia de un enfoque quirúrgico especializado y la experiencia en el manejo de tales casos.
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La recuperación de una fractura en un perro puede variar dependiendo de la localización, la gravedad de la fractura, y la edad del paciente. Generalmente, para fracturas de cúbito y radio en un cachorro, el período de recuperación suele ser de 6 a 12 semanas. Durante este tiempo, es importante limitar la actividad física del perro y seguir el plan de rehabilitación para asegurar una correcta consolidación ósea.
Si no se realiza una cirugía en una fractura que requiere estabilización, las consecuencias pueden incluir una unión incorrecta (mala unión) o la no unión del hueso, lo que causará dolor crónico, cojera y una pérdida significativa de la función de la extremidad afectada. En casos graves, puede haber una degeneración articular temprana y, en situaciones extremas, la extremidad podría requerir amputación.
Después de la cirugía, los cuidados incluyen la restricción de la actividad física del perro, el manejo del dolor mediante medicación adecuada (antiinflamatorios y analgésicos) y mantener el vendaje limpio y seco. Es necesario revisar el vendaje frecuentemente para evitar complicaciones como la humedad o las heridas por presión. Además, es importante asistir a las visitas de seguimiento con el veterinario para evaluar la evolución de la fractura y la correcta consolidación ósea.
Sí, como en cualquier procedimiento quirúrgico, existen riesgos. Las complicaciones quirúrgicas pueden incluir infecciones en la herida, desplazamiento o rotura del implante, problemas de cicatrización, y en raras ocasiones, daño a nervios o vasos sanguíneos. Estas complicaciones suelen minimizarse con técnicas quirúrgicas adecuadas y un manejo postoperatorio riguroso.
Algunos signos de problemas después de la cirugía de reparación de una fractura incluyen hinchazón excesiva, enrojecimiento, secreciones en la herida quirúrgica, cojera persistente, o falta de interés en usar la extremidad afectada. En estos casos, es esencial contactar al veterinario de inmediato para evaluar y abordar cualquier complicación.